El economista y ensayista Nicolas Bouzou ha aprovechado su espacio de opinión en Le Figaro para desmontar las teorías críticas al respecto.
El debate sobre los efectos del aire acondicionado se aviva cada verano, cuando el mercurio supera los 30 grados y la falta de servicios de climatización en diferentes entornos -como escuelas y universidades- pone de manifiesto la escasez de previsión. Entonces, la aparición de críticos de los equipos de aire acondicionado florece alegando las consecuencias negativas para el planeta que tiene el activar la máquina en cualquier edificio de uso público o privado.
En este contexto, el economista y ensayista Nicolas Bouzou ha aprovechado su espacio de opinión en Le Figaro para desmontar las teorías críticas al respecto. “Quienes quieren prohibir el aire acondicionado se creen ecologista cuando en realidad son reaccionarios“, comienza el fundador de la firma de investigación económica Asterès.
En su tribuna, firmada a principios de julio y rescatada por HuffPost, Bouzou hace alusión a la campaña del cierre de su central nuclear de Fessenheim, la más antigua del país galo, en 2020 para hablar, con ironía, de la “perspicacia” de los ambientalistas que quieren prohibir el aire acondicionado.
El razonamiento contra el aire acondicionado
Nicolas Bouzou explica la postura de los detractores del aire acondicionado: “Su razonamiento se basa en la idea de que el uso del aire acondicionado, que sin duda consume electricidad y genera transferencias de calor, tiene un impacto neto positivo en el calentamiento global“. Y lo desmonta. “El problema es que esta idea es falsa si consideramos el impacto de las olas de calor en el funcionamiento general de nuestras sociedades. Incluso desde una perspectiva climática, es mejor no desplomarse por el calor”.
A pesar de que el porcentaje de equipos de aire acondicionado instalados es del 25 % en el país vecino, Bouzou señala el énfasis de los historiadores económicos en señalar la relación negativa entre la temperatura y el desarrollo económico. “La riqueza se concentraba en país4es templados o fríos, mientras que la pobreza se concentraba bajo cielos tropicales”.
Según la OCDE, tal y como recoge el economista en su tribuna, diez días con temperaturas superiores a los 35 ºC provocan una caída de 8.000 millones de euros en el PIB de Francia.
La temperatura y la productividad, íntimamente relacionadas
Para respaldar su opinión, Nicolas Bouzou señala que “el impacto de la temperatura en la productividad individual sigue una curva de campana que alcanza un máximo en torno a los 23 ºC”. Por tanto, perdemos “casi medio día laboral a la semana cuando la temperatura en la oficina supera los 30 ºC”. Un problema que se agrava en las escuelas, donde los alumnos experimentan una reducción de su capacidad de aprendizaje.
Y es que, en el caso de España, nuestro país es, de todo el continente, quien más sufre el coste económico de las olas de calor. Estos episodios de temperaturas extremas suponen la reducción del 1,4 % del PIB anual, según alerta el Banco de España.










