Raúl Sánchez empezó como aprendiz de su padre y, a los veinticinco años, tomó las riendas de Foncaclit. Entremedias, superó la crisis del 2008 y readaptó el negocio familiar. Hace ocho meses, cogió su furgoneta, la llenó de materiales y puso rumbo a Valencia para ofrecer sus conocimientos como fontanero al servicio de los afectados por la tragedia.
Hace ya más de 35 años, cuando Raúl Sánchez era un chaval, su padre decidió abrir su propio negocio, dedicado a la fontanería. A Sánchez le gustaban especialmente los animales y quería dedicarse a algo relacionado con su cuidado y atención, pero, tras realizar el servicio militar obligatorio, se convirtió en aprendiz de su padre. Esta vez en lo profesional. “O estudiaba o trabajaba, y tenía pocas ganas de lo primero y siempre me había gustado el oficio de mi padre”, recuerda el ahora gerente de Foncaclit.
Empezó su andadura en las instalaciones apuntándose a un grado medio y sacándose los carnets de fontanero. Por las mañanas, realizaba trabajos junto a operarios y, por las tardes, en el Instituto Virgen de la Paloma, comenzó a sacarse los certificados necesarios para ejercer debidamente la profesión de instalador.
A los 25 años, Raúl Sánchez tomó las riendas
Cuando Raúl Sánchez cumplió los 25 años -y de eso hace ya más de dos décadas-, tomó las riendas de la empresa que había abierto su padre. En aquellos inicios, la compañía familiar se dedicaba, sobre todo, a las instalaciones en locales comerciales y viviendas unifamiliares. “Llevábamos el mantenimiento y la puesta en marcha de los establecimientos”, explica Sánchez. Entre todos los proyectos, más de 250 sucursales del Banco Santander, el primer McDonald’s en Fuerteventura, y decenas de restaurantes Rodilla, Ginos o VIPS llevan la firma de Foncaclit.
Con los años, la compañía se ha ido especializando en el mercado de las comunidades, a la par que iba innovando en tecnologías y materiales. En los años de su padre, aún se empleaba el plomo. Ya todo eso es pasado. En la actualidad, realizan trabajos de suelo radiante, gas, energía solar térmica, incluso, algo de climatización, aunque reconoce que este último no es su fuerte. Todo lo relacionado con las instalaciones de fontanería en comunidades.
En este sentido, Raúl Sánchez percibe cómo el usuario final “va conociendo e informándose sobre la aerotermia y te lo piden cada vez más, aunque es verdad que es una tecnología cara, que depende del poder adquisitivo del cliente”.
La crisis del 2008 golpeó a Foncaclit
Foncaclit llegó a estar conformada por una quincena de trabajadores en nómina y dos empresas subcontratadas, de siete empleados cada una, pero con la crisis inmobiliaria su estructura cambió radicalmente. “En ese momento, decidí dejar de hacer obras tan grandes y pasar a trabajar para administradores en comunidades“, indica Sánchez. ¿Los motivos? “En aquella época me llegaron a deber 300.000 euros entre dos empresas; nos costó mucho salir de esa situación”. Y se llevó un gran aprendizaje.
Ahora, Raúl Sánchez y cuatro empleados forman Foncaclit y “he ganado tranquilidad con un equipo reducido”. En lo que respecta a las edades, la plantilla es relativamente joven: todos se encuentran entre los 40 y los 47 años. Eso sí, les resulta muy difícil encontrar gente con toda su vida laboral por delante que quiera incorporarse al sector. “Trabajamos todos los días y hay cosas que no nos da, no podemos llegar a todo y, aunque pudiéramos, no hay profesionales buenos que quieran trabajar“. Un lamento común.
En este sentido, Sánchez cree que “el oficio está denostado y es un handicap para nosotros, no hay relevo o cuesta mucho encontrarlo”. Antiguamente, recuerda el gerente de Foncaclit, “mi padre iba al bar y se encontraba con otros padres que le pedían trabajo para sus hijos; ahora no se vive ninguna situación de ese estilo, la gente no quiere aprender los oficios”. Y lo lamenta, ya que cree que “la instalación está bien pagada y tiene muchas oportunidades”.
Ayuda a los afectados por la DANA
Raúl Sánchez recuerda cómo el fin de semana posterior al fatídico 29 de octubre, se encontraba en su casa viendo noticias sobre la DANA que había arrasado Valencia y no dudó. Le comentó a su mujer y a sus trabajadores la idea que le rondaba la cabeza: tender su mano a los afectados. “Mis tres compañeros me dijeron que adelante, que nos íbamos, y me puse en contacto con Agremia y con los almacenes en los que suelo comprar para hacerme con la mayor cantidad de material posible”. En total, reunió 6.500 euros, más otros 3.000 euros que aportó, y llenó las furgonetas de materiales, de bombas, gomas para regar, tuberías, equipos de limpieza de Kärcher… “Todo lo que creía que podía hacer falta”.
“Me di cuenta de que había muchos voluntarios que podían ofrecer sus manos para barrer y retirar lodo, pero se necesitaban también profesionales que supiéramos cómo arreglar tuberías fecales, de agua sanitaria, garajes, etc.”. Y allí estuvo durante varias jornadas, junto a sus tres empleados, aportando su granito de arena en Valencia.
Por este motivo, Sánchez fue reconocido por Agremia, durante la celebración de su Fiesta Patronal, el pasado 13 de junio, por su ayuda voluntaria y altruista durante aquel horrible mes de noviembre en la Comunidad Valenciana.













