Con más de dos décadas de experiencia en el sector de las instalaciones térmicas y una trayectoria como profesional autónomo, Florín Daniel representa el perfil de instalador que ha crecido desde la práctica directa del oficio hasta la especialización técnica.
La relación de Florín Daniel Cordos con el sector de las instalaciones no comenzó en un entorno académico ni empresarial, sino en la práctica temprana y casi autodidacta del oficio. Desde muy joven empezó a realizar pequeñas intervenciones en instalaciones, una experiencia que, con el tiempo, fue consolidando su base técnica. Actualmente desarrolla su actividad en Madrid bajo su nombre comercial como profesional autónomo en representación a Instalaciones Cordos.
Su aprendizaje inicial se complementó posteriormente con formación reglada y certificaciones profesionales, como los cursos de RITE y gas, que le permitieron dar un salto cualitativo y ejercer con plena capacitación en el ámbito térmico.
Florín Daniel inició su actividad como autónomo dentro del ámbito de las reformas generales, una etapa habitual para muchos instaladores que comienzan su carrera. Sin embargo, con el paso del tiempo fue orientando su trabajo hacia una mayor especialización, centrando su actividad exclusivamente en las instalaciones térmicas.
Este proceso de enfoque le ha permitido consolidar una línea de trabajo más definida, basada en proyectos de climatización y soluciones técnicas vinculadas al confort térmico.
“Empecé desde pequeño a hacer pequeñas instalaciones, incluso el primer suelo radiante lo hice hace casi 30 años en casa de mi madre.”
Florín Daniel, instalador autónomo
Los inicios como autónomo y evolución del oficio
Como ocurre en gran parte del sector, los primeros años de actividad estuvieron marcados por la dificultad de darse a conocer y generar una cartera estable de clientes. En ese contexto, la continuidad del trabajo diario y la red de contactos se convierten en elementos esenciales para sostener la actividad.
El propio Florín describe esa etapa como especialmente exigente, en la que el esfuerzo no solo se centraba en ejecutar instalaciones, sino también en asegurar la siguiente oportunidad de trabajo.
“Las instalaciones necesitan alimentarse diariamente… necesitas constantemente contactos.”
Florín Daniel, instalador autónomo
Con el paso de los años, su trabajo no ha cambiado tanto en su naturaleza como en su escala. La actividad se ha mantenido dentro del mismo ámbito técnico, aunque con un incremento progresivo en el volumen de proyectos y en la envergadura de las instalaciones.
Esta evolución refleja una realidad habitual en el sector: la especialización no implica necesariamente diversificación, sino una mejora progresiva en la capacidad de ejecución y gestión de proyectos más complejos.
Mano de obra y relevo generacional: un reto estructural
Uno de los principales desafíos que preocupa a Florín así como al resto de los instaladores, es la dificultad para incorporar y posteriormente retener mano de obra cualificada y comprometida. Más allá de la disponibilidad de trabajadores, subraya la complejidad de encontrar perfiles con interés real por la calidad del trabajo y la continuidad profesional.
En su experiencia, incluso los procesos de formación interna no siempre garantizan resultados satisfactorios, especialmente cuando no existe implicación suficiente por parte del trabajador. Esto genera una tensión habitual en pequeñas estructuras empresariales o profesionales autónomos, donde la carga de responsabilidad recae directamente sobre el instalador principal.
“Ahora necesitamos confort. Ese es el punto clave.”
Florín Daniel, instalador autónomo
Desde su perspectiva, el trabajo de instalador no es especialmente complejo una vez que se domina la técnica, aunque reconoce que existen momentos puntuales de esfuerzo físico o presión en obra. Sin embargo, considera que la percepción de dificultad suele estar más relacionada con la falta de experiencia que con la naturaleza del propio oficio.
El confort como motor del mercado
Florín identifica una transformación clara en las expectativas del usuario final. A diferencia de generaciones anteriores, el cliente actual prioriza cada vez más el confort en el hogar, especialmente en lo relacionado con la climatización y las condiciones térmicas.
Esta evolución social actúa como uno de los principales motores del crecimiento del sector HVAC, impulsando la demanda de soluciones más eficientes, estables y adaptadas a las necesidades actuales de habitabilidad.
A pesar de los retos estructurales, la visión de Florín sobre el futuro del sector es estable y está orientado al crecimiento. La demanda de instalaciones térmicas y sistemas de confort se mantiene en expansión, lo que garantiza oportunidades para profesionales especializados.











