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¡Que viene el lobo!

Hace tan solo unos días, Grupo Ingka (que integra a la multinacional sueca Ikea) confirmaba a este medio su intención de comenzar a comercializar bombas de calor en diferentes países europeos, entre los que se encuentra España.

La decisión llega tras los exitosos resultados de un proyecto piloto puesto en marcha en Suecia, que ha permitido a la compañía vender bombas de calor de la empresa Polarpumpen, un fabricante de soluciones de calefacción, fontanería y aire acondicionado que comercializa sus productos a través de Internet y dispone de una serie de profesionales repartidos por todo el país que ejecutan la instalación de estos productos.

La noticia ha generado un gran interés informativo entre los fabricantes, que son muy conscientes de que el mercado “está cada vez más saturado” debido a la irrupción de nuevos actores, lo que implica que la porción de cuota a repartir sea cada vez menor para todos sus protagonistas. Y es que, tras el anuncio de la intención de la entrada de Ikea en el mercado, ya se han comenzado a escuchar algunas frases que, en un estilo mucho más refinado, vienen a reproducir la esencia del conocido refrán español que dice: “Éramos pocos y parió la abuela“.

A la caza de los profesionales

Este movimiento de Ikea se suma a las acciones dirigidas al instalador profesional que vienen protagonizando durante los últimos años empresas con perfiles similares (que destacan por su gran músculo financiero y por su política expansionista).

Solo hay que echar un poco la vista atrás para recordar la numerosa ‘jurisprudencia‘ al respecto: la entrada de Leroy Merlin en Agremia, la intención de Brico Depôt de incluir equipos de aerotermia en su catálogo de productos, la apuesta cada vez más decidida de Obramat por el cliente profesional, la incorporación de IXOS cealco a BigMat para aumentar sus volúmenes de compra, y ahora, el anuncio de la entrada de Ikea en el mercado de las bombas de calor.

Alerta a los movimientos del mercado

La experiencia de los últimos años ha demostrado a las empresas del sector que deben tomarse muy en serio estas advertencias, pues es posible que cuando quieran reaccionar, ya sea demasiado tarde para hacerlo.

El ejemplo más claro lo encontramos en las grandes superficies, subestimadas hace tan solo unos años por muchos distribuidores aferrados a modelos tradicionales con el conocimiento y el asesoramiento al cliente como principal valor diferencial. Pues bien, ¿hay alguno de éstos que a día de hoy se niegue aún a reconocerlos como auténticos competidores?

Como bien saben, queridos lectores, el deber de los medios es informar para que después nadie pueda decir que no fue advertido. Conviene, por tanto, evitar catalogar a quienes avisan como alarmistas y estar alerta a los movimientos del lobo (o los lobos) en un mercado cada vez más comprimido en el que la diferenciación se antoja determinante para resolver los grandes retos del abaratamiento de los costes del producto y los problemas de espacio de los equipos.

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