Las actuales calderas de gas (preparadas para funcionar en el futuro con gases renovables) aún están muy vivas. Así lo han confirmado los resultados del informe del mercado de la calefacción presentado la pasada semana por FEGECA, que arroja un dato inapelable: las ventas de calderas murales crecieron un 6,16 % en 2025 en España.
Según el informe publicado por la asociación, el número de calderas murales vendidas (en datos de venta de los fabricantes hacia el canal de la distribución o sell-in) alcanzó las 293.000 unidades en 2025, frente a las 276.000 del último ejercicio, lo que supone el mejor dato de los últimos tres años. Un poco más lejos, eso sí, quedan las cifras de 2021 y 2022, cuando el número de calderas vendidas fue de 368.000 y 352.000 unidades, respectivamente.
Unos números que confirman el tirón de las calderas en el mercado de la reposición y en viviendas en altura sobre todo en los grandes núcleos urbanos, que continúa siendo la gran asignatura pendiente de la bomba de calor.
La bomba de calor crece tímidamente
Por su parte, las bombas de calor multitarea experimentaron un tímido crecimiento, que, sorprendentemente, se queda muy lejos de los datos aportados por AFEC (que sitúan el incremento en un 14,9 %).
De esta manera, las bombas de calor multitarea se incrementaron un 1,69 %, pasando de 59.000 a 60.000 unidades vendidas. No obstante, su peso en el total de la facturación es muy similar al de las calderas (en torno al 30 %), lo que se explica sobre todo por su coste, que es mucho más elevado.
Por su parte, las bombas de calor de solo ACS crecen un 37,93 %, alcanzando las 40.000 unidades vendidas.
Una vuelta de tuerca
Los datos de FEGECA vienen a confirmar que la vuelta de tuerca que ha experimentado el sector de la calefacción en los últimos años no tiene vuelta atrás. El cambio de paradigma ha calado en Europa, dejando sin margen de maniobra a aquellos que defendían sin fisuras el discurso de la electrificación total hace tan solo unos años.
Finalmente, la cordura se ha impuesto en un sector que ha pasado de estar condenado a la electrificación como única vía para la descarbonización a integrar el discurso multitecnología. Y todo ello gracias al trabajo de aquellos que han conseguido trasladar a los despachos de Bruselas una visión realista y más cercana a la mayoría de los hogares de los ciudadanos medios que viven en una Europa que parece ser el único continente realmente comprometido con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera para mitigar los efectos del cambio climático.
Y es que, los cambios normativos que se han sucedido en los últimos meses en Europa han sido claves para dotar de la certidumbre y estabilidad necesaria al mercado de las calderas. Y a ello ha contribuido especialmente la publicación de la guía para la interpretación de la EPBD (Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios), que aclaró que las calderas que utilicen gases renovables como biometano, hidrógeno renovable o combustibles renovables de origen no biológico, podrán seguir operando más allá de 2040, lo que supuso un aval para el mercado de las calderas.
El efecto dominó de los cambios de aire normativos ha llegado incluso a países como Alemania, que en su momento, fue la punta de lanza de la estrategia de electrificación. De hecho, de allí partió el bulo de la prohibición de las calderas. Y a partir de ahí, comenzó el actual cambio de paradigma.
Los gases renovables no pueden fallar
Al igual que este medio puso sobre la mesa en su momento la necesidad de articular una respuesta ante la estrategia europea del todo a la electrificación, tres años después es de justicia reconocer el trabajo y el mérito de aquellos que han conseguido dar un auténtico vuelco a la situación, logrando que las calderas continúen presentes en el mercado, impulsadas especialmente por los gases renovables, que son la gran esperanza para el sector.
Y precisamente, a estos gases renovables (biometano e hidrógeno) se agarran ahora los fabricantes tradicionales de calefacción. Porque toda esta estrategia habrá quedado en saco roto si su despliegue real y efectivo no es una pronta realidad. Los gases renovables deben comenzar a funcionar en el mercado y para ello es fundamental que España multiplique su número de plantas de biometano activas y comience a inyectar este gas renovable en la actual red de gas natural.
Porque si la apuesta por los gases renovables no despega, las calderas ya no tendrán ni red ni balón de oxígeno.
Cuando alguien con mucha personalidad pronunció en el Congreso CONAIF 2023 la frase ‘Larga vida a las calderas de gas’, muchos le miramos raro. Pero el tiempo le ha dado la razón. Hoy la afirmación cobra todo el sentido del mundo.










