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La actividad de la reforma y los cambios en la cesta de la obra (I Parte)

Hacer previsiones nunca fue fácil. Cuando nos lanzamos a pronosticar cuál sería el comportamiento de este 2022 en el segmento de la actividad de la reforma, se esperaba una clara recuperación económica después del declive que supuso la pandemia, pero nadie contaba con una guerra de Ucrania que nos conduciría a una crisis energética sin precedentes y a un incremento inusitado de los precios de muchas materias primas. Todo ello ha llevado a un entorno de inflación que convirtió en ceniza todas las previsiones.

Si centramos el análisis de 2022 en el segmento de la reforma y rehabilitación de viviendas, podemos afirmar que el año que acaba de marcharse no ha sido malo, dadas las circunstancias. O no. La realidad es que la actividad ha descendido, si bien esta caída se ha visto superada por un mayor incremento de la inflación: menos unidades vendidas pero mayor facturación. Es decir, a trazo grueso, el mercado está creciendo.

Pero ojo. En este 2023 la debilidad en este segmento se mantendrá y el efecto base que representa 2022 sobre los precios puede implicar consecuencias muy diferentes. También es cierto que esta realidad ha ido y todavía irá a más en el futuro, eso sí, por barrios. Hay segmentos de actividad en los que el crecimiento de las unidades ha sido muy significativo. Y más lo será aún en el futuro en detrimento de otros.

Un nuevo mercado de la reforma

De hecho, la idea central que nos gustaría compartir para estimular la reflexión es que 2023 va a marcar el camino hacia la configuración de un nuevo mercado. Un cambio del que surgirán ganadores y perdedores, y donde la capacidad de adaptación en muchos casos resultará clave. Para ello, nos basamos en cómo los incentivos legales y económicos van a transformar (ya lo están haciendo) la base de la demanda de reforma, es decir, la inversión de los hogares en la mejora de su vivienda, desde un mix centrado en interior de la vivienda a un mix centrado en el exterior, y en general, generación y ahorro energético.

El gasto de los hogares en materiales puede cambiar de patrón dominante, y esto es importante tenerlo en consideración. Por tanto, cobra importancia a todos los niveles el concepto de cesta de la obra, es decir, el mix de productos dominante que satisface la demanda de reforma.

Cerca de un 83 % del parque edificado en España presenta una muy baja calidad energética.

El potencial de crecimiento del sector

La reforma es una actividad que está impulsada por el gasto de los hogares. En el segmento de la climatización y calor y frío, la posición de partida es mucho más favorable que en otros segmentos de distribución, como el centrado en cerámica y equipamiento interior. Si bien, como veremos, y precisamente por el gran potencial de crecimiento que tienen una serie de soluciones concretas, también surgen amenazas que hay que reducir y vencer.

A menudo se dice que el sector de la construcción es uno de los principales beneficiados del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado a través de los fondos europeos. Y es cierto. Pero se trata de fondos finalistas cuyo destino está claramente definido.

Hay segmentos de actividad que están viendo, y verán, notables incentivos para su crecimiento. Este movimiento expansivo de unos nichos de actividad podrá generar pérdidas en otros segmentos. Los fondos finalistas para rehabilitación requieren también de una aportación económica por parte de los hogares, que está dirigida hacia un mix de soluciones y materiales que hasta ahora no formaban parte del núcleo de la cesta de la obra en reforma.

Es decir, si la naturaleza de la demanda cambia, los productos que componen la cesta de la obra tradicional también cambiarán. Creo que merece la pena profundizar en esta idea, y que cada cual la valore de acuerdo a sus circunstancias, su posición en la cadena de valor y su tipología de producto y mercado.

En el segmento de la climatización y calor y frío, la posición de partida es mucho más favorable que en otros segmentos de distribución.

Un impulso para la rehabilitación energética

Los analistas predicen que en el 2023 habrá un impulso de la actividad asociada a la rehabilitación energética una vez que los fondos Next Generation de la Unión Europea lleguen a la economía real, superados los procesos administrativos previos de solicitud y aprobación. Y así esperamos que sea.

Y es que, lo que ha significado 2022 para el mundo de la fotovoltaica (también pero en menor medida para ventanas o bomba de calor entre otros), podría ampliarse al ámbito del aislamiento (cerramientos y cubiertas para mejorar la eficiencia energética de edificios) en este 2023.

Un concepto integral de rehabilitación energética genera un efecto tractor enorme, además, sobre soluciones como ventanas y sistemas eficientes de calor y frío. La obra de rehabilitación energética se va a comenzar a hacer realidad en 2023, inaugurando un nuevo mercado y nuevas líneas de negocio que crecerán frente a otras que, dado que la partida de gasto de los hogares en obras se desplazará del interior al exterior, pueden decrecer.

No es un juego de suma cero, ya que todos sabemos que la obra es contagiosa, pero los recursos de las familias son precisamente más limitados. Y la tasa de ahorro de los hogares tras la acumulación del COVID ya es negativa.

Nota: Este artículo continúa en una segunda parte que se publicará el próximo lunes 23 de enero.

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