Raul Crego, instalador en Sercal Calefacción
Raúl Crego pertenece a una generación de instaladores que aprendió el oficio desde dentro, con tiempo y compromiso. Al frente de Sercal Calefacción (Bilbao), su trayectoria está profundamente ligada a una tradición familiar que marcó su entrada en el sector y a una experiencia acumulada durante décadas de trabajo en instalaciones térmicas.
“En mi casa éramos cinco hermanos y todos hemos acabado en lo mismo, de una manera u otra: fontanería, gas, calefacción…”, explica. Un entorno donde el oficio se aprendía desde joven y donde la transmisión de conocimientos formaba parte del día a día. No fue un camino sencillo. “Los primeros años fueron muy duros, las pasamos canutas”, recuerda. Aun así, logró consolidar su proyecto empresarial y superar momentos clave como la crisis de 2007.
Hoy, Sercal Calefacción trabaja de forma independiente, bajo criterios propios y con una clara orientación a la calidad del servicio. A nivel personal y empresarial, el momento es positivo. “El último año ha sido el mejor en 17 años en número de instalaciones”, reconoce.
La evolución de su empresa es también el reflejo de cómo ha cambiado el mercado. Durante años, buena parte del trabajo estaba ligado a la obra nueva, a grandes promociones donde la instalación de sistemas de calefacción requería una alta capacidad técnica y presencia continua en obra. “Era un trabajo muy exigente”, señala.
Hoy ese escenario ha cambiado. “Es algo que procuramos evitar”, afirma, no por falta de conocimiento, sino por el desgaste físico que supone y porque la demanda se ha desplazado claramente hacia la reposición de equipos y calderas, así como al mantenimiento. Una transición natural que muchas empresas del sector han tenido que asumir para seguir siendo viables.
Si hay un aspecto que preocupa especialmente a Raúl Crego es la formación de los nuevos profesionales. Desde su experiencia, el problema no es la falta de trabajo, sino la falta de preparación real. “Antes existían escuelas de maestría y de artes y oficios, con ingenieros formando a la gente. Eso se ha perdido”, lamenta.
En su lugar, critica un sistema basado en cursos de corta duración. “Ahora con 240 horas ya eres técnico y te mandan al mercado laboral. Búscate la vida”, resume. Una situación que, a su juicio, genera profesionales con acreditación formal pero sin base técnica suficiente para enfrentarse a instalaciones complejas y sensibles.
Esta realidad ha llevado a Sercal Calefacción a tomar una decisión poco habitual: dejar de participar en programas de prácticas. “No es un rechazo a las personas, es un rechazo al sistema”, aclara. “Vienen con una única motivación: cumplir las horas. No hay interés real por aprender el oficio”.
“Antes existían escuelas de maestría y de artes y oficios, con ingenieros formando a la gente. Eso se ha perdido”.
Raul Crego, instalador
Raúl observa con preocupación cómo esta falta de formación se combina con una falsa sensación de conocimiento. “Hay mucha gente con carnet que cree que lo sabe todo”, señala. Una situación especialmente peligrosa en un sector que trabaja con instalaciones térmicas, gas y sistemas que afectan directamente a la seguridad y el confort de las viviendas.
A ello se suma, según explica, la influencia de internet y las grandes plataformas. “Cualquiera ve un vídeo en YouTube y te discute una cuestión técnica”, comenta. Frente a esa banalización del oficio, reivindica la experiencia y la acreditación profesional como únicos criterios válidos.
“Cualquiera ve un vídeo en YouTube y te discute una cuestión técnica”.
Raul Crego, instalador
Desde su posición, Raúl Crego anticipa un cambio profundo en el modelo empresarial del sector. “La pequeña empresa desaparecerá”, afirma con rotundidad. En su lugar, augura la llegada de grandes compañías, con cientos de empleados y estructuras centralizadas, muchas de ellas gestionadas desde fuera de España.
Este cambio implicará, según su visión, la pérdida del trato directo entre instalador y cliente. “No habrá nadie al teléfono. Te atenderá un contestador automático”, señala. Crego lamenta un modelo en el que desaparece la responsabilidad personal del profesional y donde el servicio se mide en términos puramente económicos.
A quienes, pese a todo, se plantean incorporarse al sector, Raúl no les vende un mensaje edulcorado. El oficio exige sacrificio, constancia y años de aprendizaje. “A la gente se le paga por lo que sabe hacer, no por poner cuatro tubos”, resume.
La especialización es, en su opinión, la única vía para diferenciarse y sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo. Un camino que no ofrece resultados inmediatos, pero que sigue teniendo recorrido para quienes estén dispuestos a asumirlo. “La realidad no es justa”, concluye, “pero es la que es”.
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