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El coste invisible del absentismo: una amenaza real para la competitividad de la distribución profesional

Por Sebastián Molinero

La distribución profesional de materiales de construcción, fontanería y climatización representa mucho más que un eslabón logístico entre fabricantes y obra. Es un canal vertebrador de empleo local, de conocimiento técnico y de cercanía comercial. Pero también es un modelo empresarial bajo asedio, y no solo por la presión de los gigantes tecnológicos o los retos de digitalización y relevo generacional. Hoy, el absentismo laboral se perfila como una amenaza silenciosa pero creciente, capaz de desestabilizar el equilibrio interno de cientos de pymes en todo el país.

El pasado 4 de febrero, la AIReF publicó un informe demoledor sobre el coste del absentismo en España. Ese mismo día, un grupo de empresarios vinculados a Andimac se reunió en el marco de un Grupo de Trabajo sobre Relaciones Laborales desarrollado en Andimac.

El objetivo: abordar, desde la experiencia, lo que las estadísticas aún no logran captar del todo: el absentismo no es una cuestión administrativa. Es una carga estructural que puede quebrar la productividad de una empresa mediana o pequeña, mientras otros modelos empresariales juegan también aquí con ventaja.

Cuando una baja no es solo una baja

En una gran empresa, una ausencia se absorbe. En una pyme, se multiplica. Cada baja laboral sin relevo, cada permiso que se alarga de forma cuestionable, cada ausencia no cubierta genera un efecto dominó: tensiones internas, pérdidas de clientes, ralentización de proyectos y, lo que es peor, desmotivación en aquellos trabajadores que sí cumplen con responsabilidad.

Pero lo más preocupante es el desajuste entre la realidad vivida por las empresas y lo que recogen las estadísticas. Muchos de los permisos retribuidos —concebidos originalmente para situaciones puntuales— han degenerado en prácticas sistemáticas que se estiran hasta convertirse en semanas completas de ausencia. Algunas empresas han tenido que judicializar estas situaciones, desgastando no solo recursos económicos, sino el tejido de confianza que sostiene un equipo.

Este tipo de prácticas, lejos de estar corregidas, están incentivadas por convenios colectivos que, al complementar la incapacidad temporal hasta el 100 %, están generando efectos no deseados. El absentismo crece donde los incentivos a ausentarse superan los beneficios de trabajar.

Una legislación que ahoga a los pequeños

A esto se suma una legislación laboral pensada para grandes estructuras, pero aplicada sin matices a las pymes. Mientras las grandes superficies tienen más capacidad de absorber ausencias, ampliar horarios, las empresas familiares no cuentan con esa capacidad de maniobra. Y en un sector que ya sufre una acusada falta de relevo profesional y de personal cualificado, este desajuste se convierte en una trampa difícil de sortear.

El debate no es ideológico. Es funcional. Las pymes del canal profesional no están pidiendo privilegios. Están pidiendo justicia operativa. Que se reconozca la realidad de su día a día. Que se rediseñen los convenios y normas laborales teniendo en cuenta la dimensión real de las empresas. Que se recupere el equilibrio entre derecho del trabajador y sostenibilidad del empleo. Porque lo contrario es condenar a la extinción un modelo empresarial que, por volumen y capilaridad, sostiene el empleo en miles de municipios españoles.

Reacción del sector: de la queja al compromiso

Andimac y sus empresas no queremos quedarnos en la queja. Por eso, hemos acordado lanzar una encuesta sectorial que recogerá datos reales sobre ausencias, permisos, productividad y horarios; un análisis de convenios para identificar zonas de riesgo y buenas prácticas; y la elaboración de un argumentario técnico que será trasladado a la CEOE y a otros foros institucionales para exigir reformas realistas.

Además, se plantea una estrategia de comunicación más clara y valiente. Ha llegado el momento de visibilizar el coste del absentismo para quien lo sufre: el cliente que se queda sin atención, el compañero que tiene que cubrir dos puestos, el proveedor que retrasa entregas, el joven que pierde confianza su puesto de trabajo.

El absentismo no es solo un problema estadístico. Es una grieta estructural en el corazón productivo de este país. Y si no se actúa con urgencia, acabará cronificándose como tantos otros males que nadie quiso ver venir. El canal profesional ha dicho basta. Y lo hace desde la responsabilidad, no desde el victimismo. Porque sin pymes no hay tejido local, no hay empleo estable, y tampoco hay futuro.

Este no es un pulso ideológico. Es una llamada a la sensatez. Una llamada a reconducir los incentivos perversos y evitar seguir poniendo palos en la rueda a la competitividad de las pymes y el desempeño de la gran mayoría de trabajadores responsables.

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