Johnson Controls, Trane, Carrier o Modine Manufacturing han sido algunos de los fabricantes afectados por la caída generalizada de las acciones.
Las acciones de los grandes fabricantes de sistemas de refrigeración para centros de datos han sufrido una importante caída este martes 6 de enero. ¿El motivo? Unas declaraciones de Jensen Huang, CEO de Nvidia, en las que ponía sobre la mesa la posibilidad de refrigerar racks equipados con los chips Rubin de próxima generación que está desarrollando la empresa tecnológica, utilizando temperaturas de agua que no requieren enfriadoras.
Así lo explicó el CEO de la empresa tecnológica en el marco del CES, la feria de Electrónica de Consumo que se está celebrando durante estos días en Las Vegas (Estados Unidos). Además, aseguró que la próxima generación de chips de Nvidia está en plena producción y adelantó que su estreno está previsto para finales de año.
Unas declaraciones que provocaron un efecto dominó en las acciones de las empresas de refrigeración en los mercados bursátiles. Johnson Controls, Trane, Carrier o Modine Manufacturing han sido algunos de los fabricantes afectados.
Las caídas más abruptas
Según Bloomberg, las acciones de Johnson Controls International Plc cayeron hasta 11 % durante la sesión del martes. Un movimiento que supone su peor caída desde 2022, lo que subraya la magnitud del nerviosismo que se instaló en el sector tras las declaraciones de Jensen Huang en Las Vegas.
Más agresiva aún fue la caída de Modine Manufacturing, que registró un descenso de hasta el 21 % en la jornada.
Por su parte, Carrier Global y Trane Technologies también registraron caídas en sus acciones, aunque no se han detallado porcentajes específicos.
Una respuesta de un mercado que interpretó claramente el mensaje como “un riesgo a futuro“. Y es que, la reducción del uso de ciertos componentes como enfriadoras de agua podría disminuir una parte importante de las ventas derivadas de los diseños para centros de datos.
Además, el movimiento se ha dado en un contexto en el que muchos inversores habían apostado por un crecimiento sostenido en infraestructura para data centers, impulsado por el auge de cargas de trabajo de IA.













